7.6.11

Los riesgos de prescindir del asesor inmobiliario

Sucede con cierta frecuencia. En la compra-venta de los bienes inmuebles tampoco falta quien quiere "pasarse de listo", quien busca la oportunidad para sacar provecho a costa del trabajo de los demás, excediéndose en materias o cosas que no conoce y simulando un perfecto conocimiento de las mismas. Una ignominia que las dos partes: comprador y vendedor llegan a compartir.

Poco les importa el esfuerzo que se aplica en la promoción de una propiedad. No reparan en los tiempos que se requieren para programar y atender una cita. Se desentienden completamente de cualquier gasto en el que se incurra por brindarles un servicio, y pronto se olvidan de la primera persona que logró colocar en su atención el objeto de su interés. La misma persona que en un principio les tendió la mano y de la cual prescindieron, sin remordimiento alguno, desestimando su experiencia y capacidad.

Todo con la vil intención de sustraer del precio de la propiedad, la comisión que el vendedor está comprometido a pagar al asesor inmobiliario por el servicio de promoción y venta del bien inmueble.

Para algunos, basta con enterarse de la ubicación . Otros tienen la suerte de encontrarse con el propietario en alguna etapa de la negociación. Lo demás es historia. Ni siquiera un contrato de exclusividad alcanza para evitar lo impostergable. De inmediato se interrumpe la comunicación con el asesor inmobiliario. Si algo queda son excusas o pretextos, pero lo más seguro las mentiras y el silencio.

Es bien sabido que las partes inician el camino muy seguras de sí mismas pero luego trastabillan y llegan a caer. Muchas partes del trayecto las recorren a ciegas. Tarde o temprano enfrentan una serie de obstáculos que sólo se agravan cuando se vuelven imposibles de sortear. El peor de todos: la pérdida de la confianza. El propietario-vendedor abre las puertas de su casa a un extraño del que poco sabe pero sí le consta que es capaz de conducirse subrepticiamente para anteponer sus propios intereses sin consideración de los demás. Si así empieza la negociación, cabe la pregunta de quién saldrá perjudicado al final.

Por otro lado, este negocio tiene la particularidad de ser muy quisquilloso. Cuando no falta un papel, entonces se necesita un comprobante, se debe entregar un certificado o no se puede avanzar sin un registro. Si bien es cierto que para algunos se trata de una "pecata minuta", también sabemos que estas aparentes nimiedades luego se alimentan de prolongados periodos de estancamiento hasta que finalmente estallan en la mesa de un Notario para sorpresa y decepción de todos.

Si gracias a la labor de un asesor inmobiliario, una persona interesada en adquirir un bien inmueble puede enterarse de la existencia de una propiedad y, más aún, cuando ésta se encuentra a la venta y en orden, justo es reconocer su labor de servicio al igual que un propietario-vendedor para lograr con toda seguridad una operación que salvaguarda los intereses de ambas partes.