De todos los motivos que inspiran a una persona a adquirir una casa en Cuernavaca, el que sigue despertando nuestra admiración y reconocimiento, quizás porque conlleva una sonrisa de genuina satisfacción, es aquél que se apega fielmente a la idea de disfrutar de su naturaleza.
Se comprende que, en nuestros días, las formas lleguen a prevalecer sobre el fondo a la hora de tener que tomar una decisión sobre un lugar y un tipo de vivienda. Y sorprende cómo ciertas prioridades evolucionan al grado de eclipsar la intención original, o cuando una barricada de pretextos se suma para impedir el trazo de un objetivo.
Según el diccionario, la naturaleza es el "conjunto de cosas que existen en el mundo o que se producen o modifican sin intervención del ser humano". Para quienes nos dedicamos a exaltar las bondades naturales de una región que ha seducido a nómadas no sólo de este país, sino de todo el mundo, para encontrar en esta demarcación su morada temporal o permanente, resulta un tanto complicado comunicar en imágenes ese sentir de especial satisfacción y bienestar que se produce en quienes la habitamos.
Muy por encima de las vicisitudes del progreso, más allá de los inconvenientes de la rutina, la belleza sigue estando ahí en el ojo de quien la mira, en la generosidad de un clima que se regala incondicionalmente para todos los que quieran disfrutarlo, en la exuberancia de su flora que ilumina hogares y jardines, en la frescura de sus albercas y balnearios, en el encanto de su horizonte y la magia pictórica de sus atardeceres, en el brillo de sus días y en esa permanente invitación a pasarla bien en compañía de familiares y amigos.
Cuernavaca sigue siendo, por naturaleza, la ciudad de la eterna primavera. Un concepto tan bien fundamentado que ahora se desborda por todo el estado para decir con cierta razón que Morelos es la primavera de México.
Y en la foto, la naturaleza, haciendo lo que mejor sabe hacer, aquí en Cuernavaca, Morelos.