En la escala de las percepciones destaca la idea de que Cuernavaca está en venta. Gente que busca adquirir una casa en la ciudad de la eterna primavera se impresiona con la cantidad de anuncios que arroja una curiosa búsqueda en Internet, con los espectaculares que los reciben a gritos desde la autopista, con las revistas especializadas en la promoción de bienes inmuebles que se consultan a la par del menú en cualquier restaurante de renombre, con la infinidad de volantes que se ofrecen en cruceros y se cuelan por las ranuras de las ventanas de los automóviles ante la mínima distracción de los pasajeros, con los abundantes pendones multicolores que cuelgan como racimos hechos jirones en casi todos los postes, eclipsando aquellos guayabos con los que aún se identifica a la población, y con uno que otro asesor a quien poco le falta para colocar una mesa con su sombrilla en medio del carril de alta velocidad, no como una desesperada estrategia de ventas, sino como una valerosa determinación para ofrecer, como ningún otro, la mejor opción en bienes raíces.
Con tanta oferta, a la gente le resulta fácil pensar que las oportunidades para encontrar una muy buena casa, a un muy buen precio, están a cada vuelta de la esquina y que, en consecuencia, debe existir una gran variedad para dar con aquella cuyos metros de terreno y construcción equivalen justamente a la medida de sus expectativas. Sin embargo, la realidad es distinta: Cuernavaca se vende pero no se regala.
Muchos de quienes buscan de manera genuina comprar una casa en Cuernavaca, pasan por un proceso de adaptación en el que se revisan prioridades, se ajustan presupuestos, se corrigen distancias. En un principio dudan de la capacidad de las agencias y de los asesores que, por más que los pasean como aquí se dice: de arriba para abajo y de abajo para arriba, nomás no les pueden conseguir, por ejemplo, una residencia nueva de una sola planta, estilo minimalista, en exclusivo condominio de reciente construcción con alberca propia, en el corazón de la zona dorada, únicamente para ejercer su crédito Infonavit que, eso sí, está al tope de los salarios mínimos establecidos.
En el caso del nivel medio residencial, sólo quienes realmente están decididos a cumplir su sueño, pueden hacer a un lado la falsa percepción de que su presupuesto alcanza para comprar una propiedad semejante al Castillo de Chapultepec, con dos lagos y ocho cisnes, entre otras curiosas amenidades, que seguramente alguien debe estar rematando por ahí, en alguna colonia de prestigio.
Orientar a un cliente para transitar del mito a la realidad no es tarea fácil para un asesor inmobiliario. Habrá clientes que se pierdan en la desconfianza o en el desencanto pero, como siempre, habrá algunos que reconozcan su experiencia y capacidad de servicio para presentar las propuestas que mejor se adaptan a un presupuesto e intereses de vida.