Quienes tenemos experiencia en mostrar bienes inmuebles a personas que llegan a manifestar de una forma u otra un interés en su adquisición, no nos cocemos al primer hervor.
Son muchos los entusiastas que creen que una visita a la casa de su curiosidad o, mejor aún, de sus sueños, basta para poder obtenerla. Existe un cierto parecido con aquellos niños que deciden ir a la tienda con la idea de "A ver qué compro..." cuando en realidad deben concentrarse en "¿Qué necesito y para qué me alcanza?"
De unos meses a la fecha en que el mercado inmobiliario de la vivienda en Cuernavaca parece el Serengueti en tiempos de sequía, se asoman clientes que cual esgrimistas echados para adelante se ponen a blandir este tipo de argumentos: "Mi broker me dijo que yo escogiera la casa que quisiera..." "Tengo a un amigo que es el que autoriza los créditos de Infonavit..." "Si le chiflo al ejecutivo del banco, me dobla el crédito..." "Mi sindicato es un genio que concede todos mis deseos..." "Usted no está para saberlo, pero yo no necesito inscribirme en el sorteo de Fovissste..."
Entre vendedores de bienes raíces, habrá quien les siga el juego, quien se entusiasme como adolescente y baile al ritmo que le toquen. Primerizos que se hunden en un laberinto de melifluas promesas de terceros que, o no investigaron lo suficiente para conocer el potencial de sus clientes, o se fueron de bruces con sus espejitos. Todo, para acabar topándose con pared o descarrilándose en el olvido.
Pero lo realmente triste es para aquellos clientes a quienes sus respectivos brokers, amigos, contactos, e incluso aviesos vendedores, les siguen haciendo creer que teniendo poco se puede comprar mucho, que los atajos son posibles si les llegan al precio aunque al final no garanticen ni la meta anhelada, ni la devolución de su dinero.
Son los clientes que a veces se despiden con un genuino encanto por el inmueble que satisfizo la mayoría de sus expectativas. Que firman un "Seguimos en contacto..." con la consigna de "Nada más le hablo a mi broker y ya estamos".
Clientes de los que uno no vuelve a saber más, aunque algunos vendedores les den seguimiento, porque sus "contactos" no les cumplieron la promesa o porque la vergüenza desplazó a la baladronada. Todo, como si el broker simplemente se esfumara.