Para bien o para mal, se les reconoce más que al propio Estado en el que se encuentran. Son las ciudades que por su fama ocupan un lugar preponderante en la memoria de sus visitantes, dejando a un lado, por no decir que en el olvido, la entidad a la que pertenecen. Como Chicago en Illinois, Las Vegas en Nevada, San Diego en Los Ángeles, Seattle en Washington, Montreal en Quebec, por citar unos ejemplos.Tal es el caso de Cuernavaca a la que no pocos confunden o ni siquiera ubican dentro del Estado de Morelos. Si bien es cierto que todo lo que ocurre en esta capital repercute en la imagen de la entidad federativa, ahora todo lo que sucede en cada uno de los 32 municipios restantes que conforman el Estado de Morelos impacta en el nombre de la ciudad a la que el clima le sigue otorgando el calificativo de la eterna primavera.
No se trata de una exageración. Para mucha gente, municipios tales como Huitzilac y Tepoztlán al norte; Temixco, Emiliano Zapata y Xochitepec al sur; y Jiutepec, Yautepec y Cuautla al oriente, por mencionar algunos, son parte de la misma Cuernavaca. A más de uno le hemos escuchado decir: "Lo más bonito de Cuernavaca es Oaxtepec" o "Estuve en la Hacienda de Cocoyoc, en Cuernavaca".
Se podría agregar con algo de razón que el perímetro de la capital es lo que menos importa a todos aquellos que la visitan, incluso a quienes forman parte de su llamada población flotante, los cuales de alguna manera u otra se sienten cómodos con la mención de esta ciudad que en la práctica excede no sólo sus límites territoriales sino hasta su toponimia.
Cierto, el concepto de Cuernavaca es más grande que su demarcación. De ahí que, para bien o para mal, cuanto ocurre fuera de ella se diga que también sucede aquí.
